Bienaventurados los misericordiosos porque ellos alcanzarán misericordia

Martires2Jesús es la clave decisiva para entender y practicar las bienaventuranzas bíblicas. Cada una de ellas expresa cuál fue la dicha de Jesús. Cada una de ellas se refiere al estilo de vida de Jesús. Cada una de ellas se refiere a su intimidad con el Padre. Cada una encuentra su plenitud en el misterio pascual. La cruz de Cristo es el manantial de vida de sus discípulos llamados a ser “luz del mundo y sal de la tierra”.

Nuevamente, “los ojos fijos en Jesús” (Hb 12,2), recordando la vida de sus discípulos mártires y buscando nuestra propia conversión meditemos la quinta bienaventuranza en Mt 5,7.

V. Bienaventurados los misericordiosos, porque ellos alcanzarán misericordia

Los misericordiosos llevan a los míseros en su corazón, en ese lugar central del ser humano en la visión bíblica, en ese lugar que define nuestras relaciones con Dios, con nosotros mismos, con los demás y todo lo que existe. –También se les llama compasivos: los que se conmueven hasta en sus entrañas al encontrarse con el que sufre.

1. Jesús misericordioso y compasivo

 Con frecuencia los evangelios mencionan que Jesús sintió compasión al encontrarse con el desamparo en personas o grupos humanos. ¿Quién habrá infundido esta sensibilidad en Jesús desde niño? ¿La oración a su Padre? ¿El modo de ser y de actuar de María y José?

 La sensibilidad profunda de Jesús frente al sufrimiento humano remite directamente al Dios “rico en misericordia” cuya imagen recorre toda la historia de la salvación. De este Dios Jesús es reflejo perfecto y cercano. “Bendecimos al Padre por el don de su Hijo Jesucristo, “rostro humano de Dios y rostro divino del hombre” (DA 107).

 Lo vemos consolando a los que lloran (Lc 7,13), levantando a los pecadores (Lc 7,47), compartiendo el abandono de los que andan como ovejas sin pastor (Mc 6,34), dejándose tocar por desesperados (Mc 5, 25-34), defendiendo a víctimas de la hipocresía y del fanatismo religioso (Jn 8,1-11), manifestando ternura a niños sin derechos (Mc 10,16), exultando de alegría porque los sencillos pueden gozar de lo que no descubren sabios y prudentes (Lc 10,21), aceptando a mujeres marginadas por la ley y la opinión pública en su vida itinerante (Lc 8,2-3) hasta debajo de la cruz (Jn 19) e identificándose con el mísero mismo (Mt 25,31-49).

Justificando su amor preferencial a los pecadores Jesús afirma: “Entiendan lo que significa: misericordia quiero y no sacrificios” (Mt 9,13).

Zanjando discusiones estériles sobre ortodoxia y ortopráxis Jesús recuerda a gente muy religiosa: “¡Ay de ustedes maestros de la ley y fariseos hipócritas, que pagan el diezmo de la menta, del anís y del comino y descuidan lo más importante de la ley: la justicia, la misericordia y la fe!” (Mt 23,23)

2. Nuestros mártires: actores y beneficiarios de la misericordia.

 Al dar sus primeros pasos entre la gente del Valle del Santa y en las comunidades de Pariacoto nuestros misioneros fueron tocados y agraciados por la misericordia que habita en el corazón de los pobres del Perú: una amabilidad y capacidad de acogida que se mantienen en condiciones de vida dura e invadida por vicios de la sociedad moderna. En más de una carta a sus países de origen nuestros mártires dan testimonio de la bondad que irradian sus parroquianos al acogerles y al “perdonarles” sus torpezas de extranjeros.

La práctica de la misericordia se asienta sobre el exigente consejo de Jesús: “perder la vida para ganarla”. Para nuestros misioneros esta práctica se ve reflejada en muchas realidades cotidianas: aprender un nuevo idioma, adaptarse a costumbres bien diferentes que en Italia y Polonia, romper códigos de exclusión establecidos y acoger a todos por igual, atender con más cariño al más golpeado por la vida, dejarse inculturar por los marginados de la cultura imperante, escuchar largos relatos de destinos personales y familiares, reír juntos compartiendo buenos momentos y llorar juntos en los duelos…

 También es práctica de la misericordia en la vida de los misioneros despertar conciencia y experiencia de solidaridad, recalcar la importancia de cada uno en la comunidad, soñar de proyectos alternativos para el futuro…

 Todavía la gente sencilla de Santa y Pariacoto celebra litúrgicamente y comunitariamente sus penas y sus alegrías. Estas celebraciones ofrecían la oportunidad de revivir lo que sucede en la misericordia de Dios, “para sanar nuestras relaciones con Dios con nosotros mismos y con los demás y toda la creación” (Laudato Si 237).

 La muerte de Miguel, Zbigniew y Sandro tiene una cara muy cruel, pero también para ellos era experiencia suprema de la misericordia de Dios al “lavar sus vestiduras y blanquearlas en la sangre del Cordero. Por eso están delante del trono de Dios, dándole culto día y noche en su Santuario; y el que está sentado en el trono extenderá su tienda sobre ellos. Ya no tendrán hambre ni sed; ya no les molestará el sol ni bochorno alguno. Porque el Cordero que está en medio del trono los apacentará y los guiará a los manantiales de las agua de la vida. Y Dios enjugará toda lágrima de sus ojos” (Ap 7,13-17)

3. Pautas para nuestra conversión

Al anunciar el Año Santo de la Misericordia el Papa Francisco apunta: “La misericordia es la viga maestra que sostiene la vida de la Iglesia. Todo en su acción pastoral debería estar revestido por la ternura con la que se dirige a los creyentes; nada, en su anuncio y en su testimonio hacia el mundo puede carecer de misericordia. La credibilidad de la Iglesia pasa a través del camino del amor misericordioso y compasivo. La Iglesia vive un deseo inagotable de brindar misericordia. Tal vez, por mucho tiempo, nos hemos olvidado de indicar y de andar por la vía de la misericordia. (…) A llegado de nuevo para la Iglesia el tiempo de encargarse del anuncio alegre del perdón. Es el tiempo de retornar a lo esencial para hacernos cargo de las debilidades y dificultades de nuestros hermanos. El perdón es una fuerza que resucita a una vida nueva e infunde el valor para mirar al futuro con esperanza”.

 Para terminar una palabra de San Vicente de Paúl a una religiosa, Hija de la Caridad y administradora de un comedor popular: “Hija mía, es muy difícil que los pobres te perdonen la sopa que les sirves. Solo te la perdonan, si los amas”.

HIMNO

Ando por mi camino, pasajero,
y a veces creo que voy sin compañía,
hasta que siento el paso que me guía,
al compás de mi andar, de otro viajero.

No lo veo, pero está. Si voy ligero,
él apresura el paso; se diría
que quiere ir a mi lado todo el día,
invisible y seguro el compañero.

Al llegar a terreno solitario,
él me presta valor para que siga,
y, si descanso, junto a mí reposa.

Y, cuando hay que subir monte (Calvario
lo llama él), siento en su mano amiga,
que me ayuda, una llaga dolorosa.

Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu,
por los siglos de los siglos. Amén.

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