Fray Zbigniew Strzalkowski

 

Nadie se imaginaba entonces que la obra de su vida, incluyendo el martirio, superaría mil veces el éxito que podría obtener trabajando como empleado de aquel Centro.

Llegó a Cracovia en junio de 1979, entregó los documentos y rellenó un formulario prescrito para todos los candidatos a la Orden de Hermanos Menores Conventuales de la provincia de San Antonio y Beato Jacobo de Strepa. En la solicitud de ingreso señaló que deseaba ser sacerdote sirviendo a Dios en la Orden y que se ofrecía a trabajar en su patria o en las misiones. Sus modelos a seguir eran S. Francisco y S. Maximiliano Kolbe.

El párroco de su pueblo natal Zawada, D. Pablo Sliwa, el mismo que lo había preparado para su Primera Comunión, expidió el informe sobre su conducta moral y religiosa. Leemos lo siguiente:

“Sus padres, de profunda religiosidad, educaron a sus tres hijos en un ambiente de sincera solicitud por ellos, pero también, con un cierto rigor. Tiene una gran capacidad intelectual, vive sumergido en Dios y, al mismo tiempo, tiene el don de gentes; es alegre y cariñoso en el trato con sus amigos (...). La decisión de iniciar la vida religiosa franciscana es el fruto de una intensa y profunda reflexión ante Dios y ante su propia conciencia”.

El 28 de junio de 1979 se celebró una reunión del Consejo Provincial, durante la cual el ministro provincial, P. Albino Dudek, firmó un escrito en el que informaba a Zbigniew sobre su admisión en la Orden, como también sobre el lugar y fecha en que iniciaría su año de noviciado. No podemos imaginarnos al joven candidato en el momento de recibir esta carta. Desde entonces, su vida cobró una nueva dimensión. Concluidos los ejercicios espirituales, en los últimos días de agosto en Lagiewniki, Zbyszek inició su noviciado canónico el día 1 de septiembre. Todo el grupo de los novicios se trasladó al convento franciscano de Smardzewice, en las proximidades de Tomaszów Mazowiecki. El ejercicio de la voluntad, del intelecto, de la afectividad y una profunda mirada introspectiva, no solamente han de formar debidamente al joven, sino que además deben proporcionarle una respuesta al interrogante acerca del camino correcto de su vida, si sabrá valorarlo y perseverar fielmente en él. En aquellos años las provincias de Cracovia y Varsovia tenían un noviciado común, por lo que Zbyszek pudo conocer, en su noviciado, a muchos religiosos de ambas provincias.

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