Fray Zbigniew Strzalkowski

Biografía de Fr. Zbigniew Strzałkowski OFM Conv.

En el monte de San Martín, a la sombra de unos frondosos tilos, hay una antigua iglesia del santo, de estilo gótico, toda de madera.

A su alrededor, se extiende la aldea de Zawada, distante unos 5 km de la ciudad de Tarnów (en Polonia). Las primeras menciones sobre Tarnów aparecen en un documento del Cardenal Gil, Legado Apostólico en Polonia, en 1125. Dicho documento dice que Tarnów era una de las grandes posesiones de los benedictinos de Tyniec. A comienzos del siglo XIV pasó a depender de los caballeros de Labedziów y más tarde, de los Leliwitas. A partir de 1328, el poblado Wielki i Ma»y Tarnów recibió los derechos urbanos en base a la ley alemana. La aldea más antigua se encontraba en lo que es la actual Zawada, ciñendo la iglesia de San Martín.

La parroquia de San Martín fue fundada por los benedictinos. Se la menciona por primera vez en los registros sampetrinos de los años 1325-1358 como ecclesia de Tarnóv, distinguiendo de la ecclesia de Nova Tarnóv o ecclesia deNova Civitate, nombradas por fuentes eclesiásticas.

Hasta el año 1400, la iglesia de San Martín poseía todos los derechos parroquiales. En ese mismo año, el obispo de Cracovia, Mons. Pedro Wysz, trasladó la sede de la parroquia a la iglesia de la Natividad de Nuestra Señora. En cambio, los emolumentos parroquiales fueron destinados, a petición de Juan Tarnowski, para crear la dignidad del prelado cantor en la colegiata de Tarnów, recientemente erigida. La antigua parroquia de San Martín recibió desde entonces los derechos de la vicaría perpetua. El ministerio pastoral era desempeñado principalmente por un vicario especial, pero con el correr del tiempo se turnaban, para estas tareas, los vicarios de la colegiata de Tarnów. A finales del siglo XVI, la iglesia de San Martín no era más que una capilla para celebrar misas dentro de la parroquia de la colegiata.

zbyszek 3El día 12 de mayo de 1966 se celebraban en Zawada los festejos de los 1.000 años del cristianismo en Polonia. Fue elegido este lugar, precisamente, por el prestigio que tenía la antigua iglesia de San Martín. Con este motivo, fueron traídos desde Roma, por Mons. Jorge Ablewicz, las reliquias de San Martín. La parroquia fue erigida por segunda vez el 4 de octubre 1980.

Esta iglesia es un precioso monumento antiguo de la diócesis de Tarnów: de una sola nave, con encofrado y tejado de madera, rodeado de unas galerías llamadas “soboty”. Su aspecto actual es el resultado de su reiterada restauración, pero en lo esencial permanece inmutable. Precisamente aquí, al pie del altar de este bellísimo templo, comenzó a vislumbrarse la vocación de Fr. Zbigniew Strzałkowski.

Zbigniew Adán Strzałkowski nació en Tarnów el 3 de julio de 1958. Al cabo de una semana fue bautizado en la basílica catedral de esta misma ciudad. Actuaron como padrinos: la hermana de su madre, María Nowak, y el hermano de su padre, Adán Strzałkowski. Todos los participantes de aquella ceremonia bautismal recuerdan que, al concluir ésta, la madre tomó en brazos al niño y lo colocó sobre el altar de Jesús Crucificado y, mientras oraba, lo ofreció al Señor. Nadie pudo imaginar que, con este gesto, se había cumplido la primera fase de los planes providenciales de Dios.

Se educó en su pueblo natal de Zawada, de donde provenían también sus padres, Estanislao Strzałkowski y Francisca Juana Wójcik. Toda su infancia transcurrió en una de las casas situadas en la ladera montañosa, con el número. Sus padres poseían tan sólo 1 ha de tierra, por lo que su padre tenía que trabajar además como cristalero. Su familia estaba integrada por cinco personas. Zbigniew era el más pequeño. Sus hermanos mayores se llamaban: Bogdan y Andrés. Todos se sentían unidos con los lazos del amor y respeto mutuos. Los momentos alegres, así como los tristes o difíciles, siempre eran compartidos entre los miembros de la familia. Lo que más influyó en la educación de los tres hijos y, más tarde, en el despertar de la vocación de Zbigniew, fue el clima de amor, paz, bondad y sencilla religiosidad que se hacían sentir en su hogar.


El párroco, D. Pablo Sliwa, conocido en Zawada como hombre de fe, humildad y sensibilidad extraordinarias y, más tarde también el vicario D. Estanislao Marczewski, representaban un fuerte apoyo moral en la vida del adolescente Zbigniew y se distinguían por su sabiduría, cultura y su personalidad bien formada. Zbigniew recordaba que, aunque existía entre ellos una notable diferencia de edad, se sentía bien a su lado y, en cuanto le era posible, se acercaba a la parroquia para hablar con alguno de ellos.

Hay una canción polaca, titulada Mój Mistrzu (“Maestro Mío”), que le gustaba mucho al joven Zbyszek:

Un día bochornoso,
(Jesús) recorría los caminos llenos de polvo gris
y, mientras caminaba, enseñaba a amar y a perdonar.
Maestro mío,
ante mis ojos, aparece un camino que debo recorrer como tú.
Maestro mío,
a mi alrededor, hay gente a la que debo amar como tú...

Esta canción –según me decía un amigo de Zbigniew– se cantaba a menudo en los años setenta en los campamentos, en las excursiones parroquiales, en las reuniones de jóvenes y en muchas otras ocasiones. También la cantaban los jóvenes de la parroquia de Zawada. El mismo Zbigniew la cantaba con fervor en los encuentros con el párroco D. Pablo Sliwa y los sacerdotes catequistas

Zbyszek frecuentaba la casa de la familia Belzowski. Allí vivía su tío Francisco, quien, a cambio de la ayuda que Zbyszek le brindaba en sus trabajos, le llevaba a esquiar por las cercanas cuestas. Se habían hecho muy amigos, hasta tal punto que Zbigniew se pasaba horas y horas hablando con su tío sobre el camino de su futura.

La escuela primaria estaba allí mismo, en el pueblo. Zbigniew cursó sus estudios primarios entre 1965 y 1973. Fue un alumno inteligente y muy fervoroso. Tuvo muy buenas calificaciones en sus certificados de estudios. Recibió la Primera Comunión de manos de D. P. Sliwa. También se conservan buenos recuerdos de Zbigniew como monaguillo, lo fue a partir del 2.1 grado de la escuela primaria, es decir, desde 1967. Estando ya en 7.1 grado fue nombrado lector de la palabra de Dios.


 

La hna. María Karwat, de la Congregación de las Hijas de la Caridad de S. Vicente de Paúl, de Cracovia, nos ha dado, de él, el siguiente testimonio: “Su postura en la iglesia como monaguillo o lector y su recogimiento junto al altar eran el fruto de su fe y amor a Jesús. Su trato con los amigos y amigas estaba impregnado de respeto y cariño”.

Le gustaba hacer de monaguillo en la pequeña iglesia de su pueblo natal. Se veía que participaba en la misa sumergido en un profundo recogimiento. Una de las cosas que más le fascinaban eran los espectáculos organizados por los sacerdotes de su parroquia. Zbigniew no solamente era un actor, sino, ante todo, un organizador lleno de iniciativa. Entre las representaciones teatrales se preparaban los llamados “Misterios de la Natividad de Jesús”, “Misterio Pascual”, “Vida de Sta Genoveva”, “El Misterio de la Confesión” y Transformaciones”.

Recuerdo especialmente nuestros años de la escuela elemental y secundaria –nos decía D. Pedro– pues en aquella época nos veíamos con frecuencia. Más tarde, nuestros caminos se distanciaron, pues yo entré en el seminario de Tarnów y Zbigniew Strzałkowski terminaba la escuela técnica de mecánica en Tarnów. Después del examen final, trabajó durante un año y luego entró en la Orden de los franciscanos. Sin embargo, los años de juventud vividos en amistad permiten conocer casi a fondo a las personas. Así había sucedido entre nosotros.

Hablando de Fr. Zbigniew, debemos hacer mención de su casa natal que tuvo gran influencia en su formación personal. Su familia no pertenecía a la clase rica, pero precisamente por eso fue tal vez la mejor escuela para formar el carácter del pequeño Zbigniew. La casa era antigua y requería importantes arreglos y renovación. El presupuesto era demasiado elevado para el sueldo que los padres ganaban trabajando con sus propias manos. Los hijos debían acostumbrarse a numerosas renuncias, pero no se quejaban. Los muchachos ayudaban en los trabajos del campo y, a pesar de su temprana edad, era notable el fruto de sus esfuerzos. La arada y la siega eran los principales trabajos de Zbyszek y sus hermanos.


 

Al mismo tiempo, los muchachos ayudaban a su madre en las tareas domésticas. Cuenta ella misma que limpiaban todas las ventanas, según una tradición muy antigua, al acercarse las fiestas de Pascua. Además, en los ratos libres, fregaban el piso, las vajillas, barrían la casa, daban de comer a los animales y hacían las compras. Zbyszek se dedicaba también a apacentar vacas. Le gustaba mucho esta tarea, porque le daba una oportunidad de apartarse un poco del ajetreo cotidiano, pudiendo quedarse a solas con sus propios pensamientos, en medio de la naturaleza. Sus vecinos lo recuerdan sentado en la hierba con la cadena de los animales en una mano y con un libro en la otra.

Lo mismo nos relata el P. Karwat. En sus recuerdos, Zbyszek ya no era un niño cualquiera que apacentaba las vacas, era ya todo un seminarista, sumergido en la lectura seria, mientras pasaba las vacaciones de verano en su casa paterna.

En aquella época, Zbyszek manifestaba una sana piedad. Disfrutaba mucho cada vez que iba a visitar el santuario de la Virgen de Tuchów. Yo también recuerdo, de mi lejana infancia, aquellas fiestas patronales, a las que íbamos en carro con toda la familia, desde nuestro pueblo de Olpiny. Lo hablamos alguna vez, él y yo. (Qué gran círculo trazaron los caminos de nuestra vida y de nuestras oraciones elevadas a Dios, durante las fiestas, a los pies de aquel hermoso altar! Nos dimos cuenta de que, precisamente allí, comenzó a dar las primeras señales de vida nuestra futura vocación sacerdotal, aunque en un principio se veía envuelta en una nube emocional, sin formas concretas, pero era ya algo muy real.

Zbyszek continuó sus estudios en la escuela técnica de Tarnów. El viaje a la escuela duraba mucho tiempo. Primero, un tramo a pie hasta Tarnowiec, donde tomaba un autobús suburbano hasta Tarnów. De allí otro trecho, andando, hasta llegar a la escuela. Para regresar a casa, también necesitaba bastante tiempo. Por eso, en aquellos años, no pudo participar activamente en las tareas pastorales de la parroquia. Sacaba buenas calificaciones y su conducta era excelente


 

Casimiro Sobol fue su compañero de clase y durante varios años compartió con él el mismo banco. Según nos cuenta Zbigniew Nijak, en un libro sobre Zbyszek, su vecino de banco con frecuencia se valía de la ayuda de su compañero Zbyszek. Casimiro afirma que Strzałkowski nunca estudiaba las lecciones de memoria, sino que intentaba entender el tema, después ya no le costaba retenerlo en la memoria. Su compañero decía que “todo lo hacía pasar por la lógica”.

En aquellos años, no se impartían clases de religión en las escuelas. Zbyszek y sus amigos acudían para ello a la iglesia de los Bernardinos. Su maestro de religión era un delegado de la catedral, D. Esteban Cabaj. Unos años más tarde, al recordar a su alumno, decía que se destacaba por su recogimiento interior y su interés por los temas fundamentales de la existencia humana, p. ej.: el sentido de la vida y de su relación con Dios. Siempre alegre, jovial, pero al mismo tiempo, pensativo. Su forma de ser suscitaba confianza.

“Era el primero en llegar a las clases de catequesis –decía D. Cabaj– el primero que se ponía en contacto conmigo, que me informaba acerca de algún cambio de horarios. Fue un joven de una fe muy profunda; tenía amigos, fue estimado por todos, siempre encontraba tiempo para ayudar a los demás. La catequesis no era obligatoria y, por eso, algunos chicos no la trataban seriamente. Zbyszek en cambio no se la perdía. Cuando me dijo que quería entregarse a Dios en la Orden franciscana, no me causó ninguna sorpresa. Hoy siento gratitud hacia Dios por aquel encuentro con Zbyszek, por su ejemplo de fidelidad a Dios, hasta el punto de entregar su vida en las misiones de Perú”.


 

“Zbyszek permanece en mi memoria como un joven lleno de entusiasmo que sabía muy bien lo que buscaba en la vida- nos dice la hna. María. Era una persona de carácter resuelto, decidido, sacrificado; siempre podíamos contar con él. Su postura irradiaba madurez, trataba la vida en serio, se interesaba por todo, le gustaba investigar. En los encuentros juveniles, a los cuales asistía también D. Pablo Sliwa, Zbyszek proponía los temas que formaban parte de su vida. Nosotros nos veíamos enriquecidos, porque aportaban un matiz positivo a nuestra vida cotidiana. En aquella época, organizaban representaciones teatrales, en las cuales Zbyszek cumplía una función muy importante, se empeñaba en organizar todo hasta los más mínimos detalles, animando también a sus compañeros a una activa participación”

Los estudios secundarios fueron coronados con un examen final aprobado por Zbyszek en el Establecimiento de las Escuelas Mecánico-Eléctricas de Tarnów (calle Szujskiego, 13) en el año 1978. Una tía suya, Cecilia Strzałkowska, hermana de su padre, Dra. en Física, al ver que su sobrino estudiaba muy bien, que era inteligente y muy capacitado, intentó convencerlo para que iniciara una carrera universitaria en el Politécnico de Cracovia. Pero Zbyszek no aceptó la propuesta, poniendo como excusa que los estudios serían demasiado prolongados.
En el fondo, estaba tomando conciencia de su vocación.

Aproximadamente durante un año, Zbyszek se dedicó a trabajar en Tarnów y luego, por poco tiempo, en el Centro Nacional de Maquinaria, en Tarnowiec. Fue un trabajador responsable. Sus compañeros decían que estaba dotado de un “sentido técnico”. ¿Por qué se marchó de allí? Se puede suponer que por motivos de una continua tensión y de un trabajo excesivamente agotador. Sin embargo, la causa más evidente era que no se sentía a gusto; en medio de sus propias inclinaciones y tendencias interiores, se preguntaba si era éste el lugar en que debía estar y si era esto a lo que quería dedicar toda su vida.

Una revista informativa Tarnowski Magazyn Informacyjny del 29 de agosto de 1991, poco después del martirio de Zbigniew, publicó un artículo de Juan Pieszczoch en el que éste recordaba a su compañero de trabajo. Le comentaba al periodista: “Zbyszek era un obrero honrado y servicial. Al abandonar el trabajo, no nos había dicho nada sobre su decisión de entrar en la vida religiosa. Poco después, le siguió una compañera nuestra, proveniente de la misma localidad que Zbyszek Strzałkowski”. Cuando los empleados del Centro Nacional de Maquinaria se enteraron de que Zbyszek había ingresado en una Orden religiosa, todos sintieron mucha pena y decían que, al encerrarse en una celda del convento, se estaba “arruinando la vida” siendo un joven tan simpático y alegre.


 

Nadie se imaginaba entonces que la obra de su vida, incluyendo el martirio, superaría mil veces el éxito que podría obtener trabajando como empleado de aquel Centro.

Llegó a Cracovia en junio de 1979, entregó los documentos y rellenó un formulario prescrito para todos los candidatos a la Orden de Hermanos Menores Conventuales de la provincia de San Antonio y Beato Jacobo de Strepa. En la solicitud de ingreso señaló que deseaba ser sacerdote sirviendo a Dios en la Orden y que se ofrecía a trabajar en su patria o en las misiones. Sus modelos a seguir eran S. Francisco y S. Maximiliano Kolbe.

El párroco de su pueblo natal Zawada, D. Pablo Sliwa, el mismo que lo había preparado para su Primera Comunión, expidió el informe sobre su conducta moral y religiosa. Leemos lo siguiente:

“Sus padres, de profunda religiosidad, educaron a sus tres hijos en un ambiente de sincera solicitud por ellos, pero también, con un cierto rigor. Tiene una gran capacidad intelectual, vive sumergido en Dios y, al mismo tiempo, tiene el don de gentes; es alegre y cariñoso en el trato con sus amigos (...). La decisión de iniciar la vida religiosa franciscana es el fruto de una intensa y profunda reflexión ante Dios y ante su propia conciencia”.

El 28 de junio de 1979 se celebró una reunión del Consejo Provincial, durante la cual el ministro provincial, P. Albino Dudek, firmó un escrito en el que informaba a Zbigniew sobre su admisión en la Orden, como también sobre el lugar y fecha en que iniciaría su año de noviciado. No podemos imaginarnos al joven candidato en el momento de recibir esta carta. Desde entonces, su vida cobró una nueva dimensión. Concluidos los ejercicios espirituales, en los últimos días de agosto en Lagiewniki, Zbyszek inició su noviciado canónico el día 1 de septiembre. Todo el grupo de los novicios se trasladó al convento franciscano de Smardzewice, en las proximidades de Tomaszów Mazowiecki. El ejercicio de la voluntad, del intelecto, de la afectividad y una profunda mirada introspectiva, no solamente han de formar debidamente al joven, sino que además deben proporcionarle una respuesta al interrogante acerca del camino correcto de su vida, si sabrá valorarlo y perseverar fielmente en él. En aquellos años las provincias de Cracovia y Varsovia tenían un noviciado común, por lo que Zbyszek pudo conocer, en su noviciado, a muchos religiosos de ambas provincias.


 

La formación de los jóvenes estuvo a cargo del Dr. P. Mario Paczóski perteneciente a la provincia de Varsovia. El 4 de octubre de 1979, durante los festejos en honor de Nuestro Padre S. Francisco de Asís, el ministro provincial de la provincia de S. Antonio de Padua, P. Albino Dudek, viajó a Smardzewice para presidir la ceremonia de la toma de hábito de sus novicios. En aquel día, Zbyszek Strzałkowski cambió su traje seglar por el hábito religioso.

Al finalizar el noviciado, emitió su profesión temporal y el día 18 de septiembre de 1980 inició los estudios eclesiásticos en el Seminario Mayor de los PP. Franciscanos de Cracovia. Durante el primer curso, asistían con él seminaristas carmelitas y capuchinos. Todos los años pasaba las vacaciones en su pueblo natal, donde no solamente se dedicaba a descansar, sino que también visitaba a los enfermos, conversaba mucho con los vecinos, con los granjeros de la zona y ayudaba a los sacerdotes en la parroquia. Dedicaba gran parte de su tiempo al cuidado del Sr. Broniec quien, al tener las dos piernas amputadas, debía guardar cama. Antes del viaje a Perú, Zbyszek le hizo una visita y le dejó, como recuerdo, un medallón de la Virgen de Czestochowa. Este regalo se encuentra en la casa del Sr. Juan Broniec hasta el día de hoy. Cuando el enfermo se enteró del martirio de Zbyszek, se puso a rezar ante aquel medallón, pidiendo por el eterno descanso del alma de su joven amigo.

Para los superiores, Zbyszek era un seminarista inteligente, trabajador, responsable y muy bueno. De cara al futuro, se esperaba mucho de él. Tanto los alumnos como los profesores notaron que, durante sus estudios, no tuvo dudas acerca de su vocación. Siempre estaba convencido de haber hecho una elección acertada. Se sentía muy feliz siguiendo a Cristo por los caminos de la vida franciscana. En las vacaciones viajaba a Zawada –su pueblo natal– y junto con sus compañeros de curso organizaba excursiones turísticas y peregrinaciones al santuario de la Virgen de Tuchów. De allí salían confortados y espiritualmente enriquecidos.

En 1981, los frailes Zbigniew Strzałkowski, Zbigniew Swierczek, Ricardo Sliwka, Cristóbal Kukułka y Zdzisław Kijas inauguraron el Movimiento Ecológico de San Francisco de Asís, poco después de que el papa Juan Pablo II hubiera proclamado a San Francisco Patrón de los ecologistas. Dicho movimiento organizaba expediciones ecológicas a los montes Tatra, a los alrededores de Poznan; preparaba exposiciones, como aquella que se titulaba “San Francisco, celestial Patrón de los ecólogos”. Zbyszek, propagaba la conveniente valoración de la dolomita y la sana alimentación; un día, decidió cocer pan ecológico para toda su comunidad religiosa.

Cada año presentaba una solicitud para la renovación de su profesión temporal, que siempre fue acogida positivamente. El 29 de septiembre de 1984 emitió los votos solemnes. Un poco más tarde, en una petición escrita acerca de su futuro destino pastoral, expresaba lo siguiente: “Cuando pedía ser admitido en la Orden, hablé de mi disponibilidad para trabajar en las misiones. Ahora, habiendo hecho mi profesión de votos solemnes, renuevo mi voluntad de ser misionero”


 

Recibió su ordenación diaconal de manos del obispo D. Albino Małysiak el 15 de junio de 1985 en la iglesia de los PP. Carmelitas. El día 7 de junio de 1986 fue ordenado sacerdote, junto con sus compañeros, por Mons. Enrique Gulbinowicz, cardenal Metropolitano de Breslau (Wrocław), en la iglesia de San Carlos Borromeo de dicha ciudad.

Anteriormente, había defendido su tesina cuyo tema era: “La masonería a la luz de los escritos de S. Maximiliano Kolbe”. La escribió bajo la dirección del profesor Joaquín Bar OFMConv. Basándose en los documentos oficiales de la Santa Sede, el autor presentó una extensa reseña histórica sobre la posición de la Iglesia en este asunto. Subrayó las condiciones en que se encontraba la masonería y su ideología, en la época en que S. Maximiliano hacía sus estudios en Roma, donde pudo observar de cerca este movimiento. Además de la descripción del nacimiento de la masonería, se puede encontrar en la tesina muchas reflexiones referentes a la actualidad. El siglo XX se considera como el siglo de apogeo de la masonería. Fr. Zbigniew pone énfasis en afirmar que “la masonería intentaba no sólo destruir las estructuras de la Iglesia, sino que además trataba de alejar a los creyentes de aquello que es prioritario: Jesucristo y su revelación”. El autor menciona diferentes formas de lucha contra la masonería propuestas por S. Maximiliano, preguntándose si aquellas pautas siguen siendo actuales, cuáles de ellas se podrían modificar y cuáles, conservar. En las observaciones finales escribezbyszek 4

Una de las más profundas experiencias de todo sacerdote recientemente ordenado es la celebración de su primera misa que, según la tradición polaca, tiene lugar en la parroquia de su pueblo natal. Fr. Zbigniew la celebró en la explanada de la iglesia de Zawada el 22 de junio de 1986. Durante la Eucaristía predicó el P. Bronis»aw Korta OFMConv quien, entre otras frases, dijo: “De repente, pasó por vuestra parroquia el Cristo invisible, extendió su mirada divina sobre vosotros, buscando pescadores de hombres. Buscaba conquistadores de almas, susurrando: `Sígueme. Desde ahora serás pescador de hombres´. Hoy, Zbigniew ha vuelto a vosotros, pero ya como sacerdote de Cristo”. Luego se dirigió al joven neo-presbítero con estas palabras tiernas y conmovedoras: “Recuerda que el sacerdote extiende el reino de Dios, no solamente cuando está de pie junto al altar celebrando la santa misa, no sólo cuando perdona los pecados en el confesionario, o cuando bautiza, o enseña el catecismo; el sacerdote propaga el reino de Dios con toda su vida”. Y prosiguió el predicador, diciendo: “Querido, vendrán días en tu vida, en que esta corona de mirto, que hoy luce por su verdor, se transformará para ti en corona de espinas, o quizá vendrán sobre ti días de Getsemaní”. Estas palabras resultaron ser proféticas.

El primer destino pastoral del joven sacerdote Zbigniew fue el Seminario Menor de Legnica, del que fue nombrado vicerrector. Dicho Seminario se encontraba en el convento de los PP. Franciscanos, junto a la parroquia de San Juan. Allí vivían y estudiaban varias decenas de jóvenes que hacían sus estudios secundarios y, al mismo tiempo, reconocían y fortalecían su vocación para la vida religiosa.


 

Según la opinión de los colaboradores de Zbigniew, éste era un buen formador. Tenía sentido pedagógico, era alegre, solícito y, en la oración, recogido. Durante los dos años de su trabajo en Legnica, puso un gran esfuerzo para mejorar las condiciones de vida del colegio. He aquí un fragmento de la carta del rector, Fr. José Szanca:

“Con la aprobación del Provincial, decidimos ampliar el edificio del internado, adaptar el desván para casi 100 personas, es decir, 30 habitaciones. Fue enorme el esfuerzo que tuvimos que hacer para llevar a cabo aquella obra. El P. Zbigniew tramitaba personalmente los permisos y la compra del material. En aquellos tiempos, conseguir unos sacos de cal, cemento o tuberías significaba algo semejante a un milagro. Esperaba en las colas a veces toda la noche, sin ninguna clase de privilegios. Recuerdo que una vez, cuando hacía mucho frío, tuvo que esperar toda la noche en la camioneta del Sr. Rodolfo Fajkis, creyendo que, al amanecer, conseguiría un poco de material de construcción, siendo el primero de los que estaban guardando cola y con una autorización en mano. Sin embargo le dijeron que ya no había más material”.

La Sra. Dorotea Wieczorek, de Legnica, también dio su testimonio sobre el P. Zbigniew: “No podía pasar indiferente junto a otra persona, siempre acudía en su ayuda tanto en lo pequeño como en lo grande. Se preocupaba principalmente por los débiles y los enfermos que muchas veces no sabían cómo arreglárselas en la vida. También ofrecía su tiempo a la gente más bien distante con respecto a la Iglesia y a los sacerdotes. Gracias a su carácter fuerte y a su decisión, conseguía romper las barreras, siendo, al mismo tiempo, un soñador como Francisco. Soñaba con una caridad perfecta entre los hombres. Veía la hermosura de la naturaleza, la armonía del universo, se admiraba del trabajo humano. (Cómo se deleitaba pensando en el amor y la perfección de Dios!”.

Además de su trabajo en el Seminario Menor, ayudaba en la iglesia parroquial de San Juan. Cumplía con prontitud su ministerio en el confesionario, dirigía un grupo de pastoral juvenil en la parroquia. Simultáneamente ayudaba, de forma clandestina, a los soldados soviéticos que se encontraban en Legnica Sus conocidos de aquella época recuerdan que, en las conversaciones que Zbigniew mantenía con ellos, les hablaba con frecuencia de las misiones. Preparándose para el viaje, leía libros de medicina. También su tía Cecilia recordaba este detalle. Primero, soñaba con Bolivia y más tarde, con Perú. El día 30 de junio de 1988, la provincia franciscana de Cracovia tomó la resolución de fundar una misión en Perú. Aquel día, al debatir sobre quién podría ir a la misión, se tomó en cuenta la solicitud de Zbigniew, en la cual se mostraba disponible para esta clase de apostolado. Los futuros misioneros serían: Fr. Jaros»aw Wysoczanski y Fr. Zbigniew Strzałkowski. Zbigniew, por tanto, fue trasladado de Legnica a Breslau, para llevar a cabo, juntamente con Jarek, los preparativos relacionados con la misión.zbyszek 1

D. Pedro Karwat recuerda la misa de despedida, celebrada por Zbigniew, antes de su viaje a Perú. En su homilía le decía: “Antes de partir a ese lejano país, llévate una piedrecita del jardín de tus padres y fíjala debajo del cáliz, para que, cuando celebres la Misa lejos de tu patria y de tus seres queridos, puedas soportar mejor la nostalgia de ellos”. No sabemos si lo hizo así.


 

De aquel tiempo data la carta de Zbigniew a sus padres en la que hace planes sobre un posible viaje de su familia a América del Sur. Les invita a juntar dinero y les dice que se puede viajar económicamente en buque de mercancía mixta o en avión de las líneas aéreas rusas.

El 28 de noviembre de 1988, Zbigniew Strza»kowski y Jaros»aw Wysocza½ski volaron a Lima. El vuelo fue tranquilo y muy largo: Moscú-Shannon (Irlanda)-Gander (Canadá)-La Habana (Cuba)-Lima. Luego de hacer todas las tramitaciones necesarias, Fr. Estanislao Dowlaszewicz, misionero de Bolivia, los invitó a Chiclayo (al norte de Perú), donde temporalmente ayudaba al párroco local, D. Francisco Pos»uszny. Allí pasaron las primeras fiestas de Navidad. Más tarde, los tres se dirigieron a la diócesis de Chimbote. Zbigniew se instaló en Moro y Jarek, en Chimbote. En Moro, cuyo párroco viajó a Europa, Zbigniew lo reemplazaba. Cuidaba a más de 40 muchachos y una hacienda agrícola (2,5 ha), sin descuidar los asuntos pastorales. El aprendizaje del castellano era su deber primordial. Durante seis meses estuvo estudiando en Moro, en la parroquia del sacerdote tirolés, D. Pablo Fink. El 30 de agosto de 1989, Zbyszek y Jarek se trasladaron a Pariacoto.

En mi memoria, Fr. Zbigniew permanece como una persona concisa, sincera, con sentido de humor y con una gran bondad de padre. No dejaba sin terminar los trabajos iniciados; cuando alguien le pedía un favor, no se lo negaba. También él sabía pedir, y era muy difícil no consentírselo. Era muy sensible a la verdad, la gente le tenía confianza. Era práctico en sus actividades y siempre sabía encontrar alguna ocupación útil. Impregnado de una santa piedad, enseñaba la doctrina cristiana, siempre de acuerdo con el Magisterio de la Iglesia. Fue fiel al ideal evangélico; no se asustaba del mal ni del sufrimiento. En sus palabras y conducta se notaba el Evangelio: “sí, sí - no, no” (Mt 5, 37). Era un hombre de pocas palabras, amable, discreto; creaba un clima de confianza y seguridad. Nunca perdió la sencillez de carácter, formado en su hogar, en Zawada.


Fuente: 
GOGOLA Z. OFM Conv., La vida que nace del martirio. Los misioneros franciscanos conventuales en Perú, Palencia 2005.

 

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